Alfaro, Aristóteles y los planes parciales

Alfaro, Aristóteles y los planes parciales

Que el gobernador en funciones, Aristóteles Sandoval Díaz, y el aspirante puntero en las encuestas, Enrique Alfaro Ramírez, hayan pactado la sucesión, es una idea que se ha instalado en el imaginario de la sociedad, ante el nulo apoyo que el mandatario y su círculo cercano han dado a su supuesto candidato, Miguel Castro Reynoso, y la tibia campaña de este, quien como todos saben, originalmente aspiraba al cargo de presidente municipal de Guadalajara.

Pero cuando se revisa el entramado de intereses comunes, la idea cobra más sentido: como ya se ha referido, una de las áreas en que el gobierno municipal de Alfaro Ramírez no fue innovador sino continuador (también se podría alegar que no se puede inventar el agua tibia en todo) es justamente en el mayor problema que padece el municipio y la conurbación: el modo en que crece. Bajo la premisa, correcta, de que no se puede soportar más la expansión desordenada de la urbe, y que se debe aprovechar la inversión histórica en infraestructura, el gobierno alfarista retomó los fracasos del panista Alfonso Petersen y el priista Ramiro Hernández, y se propuso revisar una vez más los 53 planes parciales del municipio, y demostrar a los partidos “con los que no iré ni a la esquina” (sic) cómo se es eficiente y eficaz, es decir, cómo lograr publicarlos sin afrontar juicios legales de vecinos organizados que se han opuesto al tipo de revisiones desde hace casi quince años.

La realidad es que los planes revisados resultaron en un modelo de privatización de áreas públicas de todos los niveles de gobierno, lo que refuerza la idea de la convergencia entre los dos políticos. El caso más importante se da en el distrito uno, donde se ubica el complejo administrativo de la UdeG y el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades que construyó en los años 50 del siglo XX el gobernador Agustín Yáñez, además del corredor de avenida Alcalde, con predios de origen municipal.
No se agota allí: el caso El Deán, que acaba de ser denunciado por el candidato de Morena al gobierno del estado, Carlos Lomelí Bolaños, también revela esa continuidad: el predio de diez hectáreas, contiguo al parque, debía ser integrado a éste, pero el gobierno alfarista, con complacencia de su “oposición” en el cabildo, optó por venderlo a su usuario actual, la concesionaria de la basura Caabsa Eagle, responsable del lamentable estado de la ciudad en materia de aseo público, donde 7 por ciento de los residuos no se recogen, y las calles están llenas de basura aunque se le pague a la empresa casi dos millones de pesos al día. Caabsa trabaja desde los tiempos del priista y aún antes, en gobiernos panistas. Su premio fue recibir un predio a un porcentaje ínfimo de su valor comercial… para edificar casi cinco mil viviendas.

El morenista presentó ante la Fiscalía General de Jalisco, el pasado 30 de mayo, pruebas que acreditarían responsabilidad por daño al erario, pues el pretexto de que se encontraba contaminado, si es verdad, debía ser impedimento de la venta, y si no lo estaba, se debió ofrecer a valores comerciales. La fiscalía, en manos de Sandoval, tendrá la última palabra.

Lo más inquietante es el modo en que los operadores alfaristas están asumiendo el tema de la redensificación: trabajando hombro con hombro con los consultores de las cámaras y empresas inmobiliarias –en algunos casos, los funcionarios traen las dos cachuchas- y cómo han tratado de sortear la oposición vecinal… estableciendo comités “a modo” para eliminar representatividad en las juntas de vecinos tradicionales.

Esto es tan claro, que en el segundo debate a gobernador, Alfaro ha reconocido que la participación ciudadana se mantiene como un pendiente justamente en los temas de desarrollo urbano. Lo que no reconoció es el hostigamiento a que ha sometido estos tres años a los vecinos opositores, y las amenazas de cárcel para algunos, a pretexto de que manejan “intereses oscuros” y “chantajes” (léase: opuestos al modelo de ciudad que quiere establecer). O sea, los hostiga pero quiere que participen, pues pareciera que asume que el hombre de bien sólo propende a la verdad, y los malvados, al desorden, una de las matrices ideológicas del pensamiento autoritario. Es como un eco de la máxima agustiniana: “…la verdadera libertad que nos exime de la esclavitud del demonio” (San Agustín de Hipona, De civitate dei).

Ya veremos cómo reacciona con la última novedad: la suspensión provisional concedida por un juez de distrito a los planes del distrito 2, la zona de La Minerva, la más codiciada por los poderes inmobiliarios. Los vecinos del norte de la ciudad, en Huentitán, también le presentarán sorpresas pronto. Y observaremos el derrotero que siga la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial, que se ha erguido como último enclave de cuestionamientos institucionales a la implementación del nuevo modelo de ciudad. La eficacia de una continuidad que liga el proyecto del Partido de Movimiento Ciudadano con el PAN y el PRI, es lo que está bajo riesgo.

 

Agustín del Castillo

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