El fracaso de la milicia mexicana

El fracaso de la milicia mexicana

A Nemecio Ocegueda alias “El Mencho”, un hombre blanco de 1.50cm y escasos 70 kilos, ha burlado a las máximas autoridades en materia de seguridad en México por más de 6 años. Ahora, tanto el Estado Mayor Presidencial como las autoridades en el país del norte, piden su cabeza a cualquier costo. El capo oriundo de una comunidad del municipio de Aguililla, Michoacán, supo realizar las alianzas circunstanciales con organizaciones rivales, suplir a los capos caídos y luego, tras una derrota, replegarse a Jalisco y lograr convertir a su grupo criminal en uno de los más proliferos en el país.

Ahora, a pocos meses de terminar el mandato de Enrique Peña Nieto, la Procuraduría General de la República (PGR) ofrece 30 mdp por información para capturar al Mencho, líder del Cártel Jalisco pero no es la primera vez que los mexicanos escuchamos sobre “La posible captura” de uno de los capos más buscados. Incluso, el narcotraficante fue calificado como “La obsesión de Salvador Cienfuegos Zepeda” quien es el General de División titular de la Secretaría de la Defensa Nacional para el período comprendido del 2012 al 2018. El gran fracaso de la milicia mexicana tiene nombre y apellido.

La guerra militar la tenía ganada a mitad del sexenio peñista. El primero de mayo de 2015, el criminal Nemesio y líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), le infligió una contundente derrota a las Fuerzas Armadas de México y a los cuerpos de seguridad en una batalla que involucró el 1 de mayo a cuatro estados, y llegó a los titulares de todo el país.

Sin fuertes pérdidas, El Mencho logró colocar a su cártel como el grupo criminal con mayor expansión en el país. Pero el gran negocio no es del Mencho. En realidad, el gran grupo criminal tiene sus orígenes en una familia en disputa que se remonta una década atrás, cuando el “Mencho” no era más que un sicario al frente de un grupo llamado Los Torcidos, bajo las órdenes de los hermanos Óscar y Juan Carlos Orlando Nava Valencia. Estos eran socios de Ignacio Coronel, uno de los narcotraficantes más famosos en Jalisco en los años noventa.

LA MILICIA Y EL CRIMEN

A la par del cártel, creció la militarización. De enero del 2015 a julio del 2018, esta entidad logró la deshonrosa calificación de la tercera entidad que más violenta los DD.HH. La Sedena y la Marina jamás salen del margen de las dependencias que más y con mayor agravio lo hacen, según se refleja en el reporte de la Comisión Nacional de Derechos Humano (CNDH). Jalisco en 2015 ocupaba el séptimo lugar en la escala de entidades donde más se violentan los derechos humanos; en 2016 logró bajar al noveno lugar con 308 quejas; sin embargo, para el 2017 ya ocupaba el tercer lugar nacional.

Por su parte, la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA) en 2015 fue señalada de cometer 620 violaciones en contra de los Derechos Humanos, de ellas, 33 serían en Jalisco. Emplear arbitrariamente la fuerza pública en contra de la ciudadanía se llevaba la corona del acto más frecuente. En 2016, bajó sus indicadores violentos para aumentar los casos de detenciones arbitrarias. Finalmente, los reportes del 2017 arrojan un regreso violento de la policía castrense a la tierra del tequila, y de nuevo, las denuncias por emplear arbitrariamente la fuerza pública en contra de civiles ocupa el primer lugar en quejas.

A la inauguración en Zapopan de las nuevas instalaciones del colegio militar que prometieron en el 2014 y cumplieron en 2018, acudió el presidente de la república, Enrique Peña Nieto, también de extracción priista. Durante aquel evento, el máximo mandatario comentó: “Las Fuerzas Armadas son la mejor muestra de que nuestras instituciones constituyen un sólido pilar de estabilidad, confianza y certidumbre”.

 

Ricardo Balderas

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