El horror de niñas, niños y adolescentes migrantes

El horror de niñas, niños y adolescentes migrantes

El horror que viven niños, niñas y adolescentes (NNA) migrantes que son separados de sus padres y retenidos en jaulas mientras se define si serán repatriados o devueltos a sus familias, ha puesto en evidencia una realidad inhumana que por años han vivido los menores migrantes no acompañados que llegan a la frontera con los Estados Unidos.[1]En días recientes atestiguamos la violación sistemática de los derechos humanos de los menores migrantes y la indiferencia al respecto por parte de los funcionarios de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos.

Visibilizar la injusticia es mostrar el dolor desde muy diversas facetas. Esta es una acción necesaria para evitar que las arbitrariedades y los agravios permanezcan ocultos y para que la presión social contribuya a que el daño cese. Hoy podemos decir que la sociedad civil organizada fue un factor clave para que se tomaran medidas inmediatas para evitar el sufrimiento de los NNA enjaulados en los centros de procesamiento norteamericanos que se ubican a lo largo de la frontera con México. Esos lugares grises, fríos y carentes de humanidad que vimos en los videos y fotografías difundidas en redes sociales son los mismos a los que llegan los NNA migrantes no acompañados cuando intentan cruzar la frontera y son detenidos.

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), entre el 2010 y el 2011, la cifra de niños refugiados y migrantes que viajaban solos en 80 países del mundo era de 66 mil, mientras que para el periodo 2015-2016 aumentó a 300 mil. Lo más alarmante es que el 33% de dicha cifra corresponde a los menores no acompañados o separados de sus padres en la frontera entre México y Estados Unidos. Para dimensionar la tragedia basta decir que esos 100 mil NNA podrían llenar 2 veces el Estadio Jalisco.

El Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en México ha identificado 2 causas estructurales principales de este fenómeno. La primera es de índole económica y agrupa a los NNA que buscan trabajo en Estados Unidos y a los que trabajan o buscan trabajo en México. La segunda tiene que ver con la violencia. Los menores que migran por razones económicas asumen el papel de proveedores, especialmente si son primogénitos o si la persona que abastece regularmente a la familia tiene ingresos muy precarios, es de edad muy avanzada o ha fallecido recientemente. El imaginario social del sueño americano hace que los NNA opten por salir del país de origen con la expectativa de ganar dinero en el país de destino para de ese modo mejorar las condiciones de vida de su familia.

En lo relativo a la violencia, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) sostiene que en la actualidad, un alto número de NNA migrantes deciden iniciar su tránsito migratorio porque son víctimas de abusos y presiones por parte de pandilleros y grupos del crimen organizado; y que muchas mujeres adolescentes y niñas lo hacen debido a diversos abusos domésticos. Así es como muchos NNA se convierten en migrantes no acompañados que huyen de su país porque su vida, seguridad o libertad son amenazadas. Otra causa que motiva la migración de los menores es la reunificación familiar. En este caso, los NNA viajan con la intención de reencontrarse con su madre, con su padre o con algún otro familiar que vive en un país distinto al de su residencia. La existencia de comunidades inmigrantes en los países de destino representa un polo de atracción social y cultural para los migrantes en general, mientras que para los NNA resulta decisiva para detonar un proceso migratorio no acompañado.

Además, es común que familias migrantes contacten traficantes de personas para cruzar la frontera y muchas veces esto lleva a la separación de los NNA de sus familiares, principalmente porque los traficantes proponen facilitar el cruce de los menores a través de rutas distintas a las que utilizan para los adultos. Algo similar sucede cuando el padre, la madre o ambos parten y dejan a sus hijos e hijas al cuidado de otros familiares o de personas conocidas. Con frecuencia, los menores en estas condiciones enfrentan situaciones que los empujan a buscar a sus padres, aun cuando éstos no cuenten con una residencia legal en el país de destino.

Estas son las condiciones de la niñez y de la juventud vulnerada por la violencia estructural. No hay que ser experto en migración para saber que la vida y la integridad de los NNA migrantes no acompañados está en un peligro permanente porque quedan expuestos a ser violentados física, sexual y psicológicamente. Estas vidas en tránsito están siempre en riesgo y su arribo a cualquier centro para menores migrantes en Estados Unidos debería ser favorable para garantizar sus derechos humanos específicos como niños, niñas y adolescentes migrantes. Lamentablemente ocurre todo lo contrario cuando son convertidos en números con gestos de angustia y ansiedad, con miradas ausentes o con rostros bañados en llanto que se asoman a través de jaulas. Un niño, una niña y un adolescente que migra solo, antes que migrante es un ser humano y debe ser tratado con dignidad. También ellos merecen que la sociedad levante la voz para exigir que no se profundice su condición de abandono.

 

Talien Corona

[1]De conformidad con la Observación general Nº 6 (2005) del Comité de los derechos del Niño, se entiende por “niños no acompañados” (llamados también “menores no acompañados”) de acuerdo con la definición del artículo 1 de la Convención, los menores que están separados de ambos padres y otros parientes y no están al cuidado de un adulto al que, por ley o costumbre, incumbe esa responsabilidad.

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