Guadalajara, la Atenas fallida de México

Guadalajara, la Atenas fallida de México

Buena parte del siglo XIX y XX, el imaginario nacional ubicó a Guadalajara como “la Atenas de México”. Más allá de lo pretensioso y exagerado del mote, hay un renglón en el cual, la capital de Jalisco y su región concentran talento por encima del promedio nacional: las artes, sean plásticas, sea música, sea literatura. Y si bien, Octavio Paz, quien este mes de abril cumple 20 años de ausencia física (19 de abril de 1998), no nació en estas tierras, se suele olvidar que los Paz son de raigambre tapatía (lo mismo que la familia de Alfonso Reyes, valga recordarlo). El mismo poeta lo recordará al hacer una descripción poética totalmente imaginaria, es decir, a oídas, de uno de los sitios más entrañables de la ciudad provinciana de los tiempos de la Reforma y la intervención francesa.

“Aunque nací en México, mis abuelos paternos eran tapatíos de vieja cepa; en mi casa se hablaba con frecuencia de Guadalajara y entre los lugares que se mencionaban con mayor entusiasmo había uno que, literalmente, me encantaba: el Parque de Agua Azul. Lo soñé como un manantial de agua pura en el centro de una espesura verde de plantas y árboles paradisiacos. Agua Azul: al oír estas dos palabras yo pensaba en un agua celeste o en un cielo acuático. La primera una imagen congelada del tiempo; el segundo, una imagen del cielo hecha agua, eternidad de vuelta al tiempo” (Al paso, 1992).

El único premio Nobel de literatura que ha tenido México, no tuvo con esta ciudad una relación entrañable, o siquiera fluida, pese al precedente. Se han hecho recuentos de escasas visitas, a la UdeG en 1972, al homenaje a su entrañable amigo Juan Soriano en 1987, de la determinación del presidente Carlos Salinas de Gortari de imponer el nombre de Octavio Paz a la biblioteca Iberoamericana (1991), a cuya inauguración no acudió.

“Fue por decisión de Salinas, no podía ser de otra manera; había ganado el año anterior el Nobel, y esa biblioteca era un inmueble federal, que fue entregado a la UdeG pero se debía llamar Octavio Paz; yo ya vería si Raúl Padilla o Guillermo Cosío iban a decir que no a la decisión del presidente; aunque la relación de Víctor Flores Olea [director del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes] y Paz aún era buena –no había ocurrido el desaguisado del Coloquio de inverno-, Paz no vino, incluso con la intervención del presidente a su favor […] él sentía como un agravio, pero tampoco hace un desaire: manda un texto, dice que estaba enfermo, y le pide a Flores Olea que lo lea […] ahí hablaba de su abuelo, de la biblioteca de su infancia, y eso lo leyó Flores Olea en la inauguración”, recordaba del asunto, justo a propósito del centenario, el historiador local Juan José Doñán.

Resaltan más los desprecios y ninguneos muy visibles, por ejemplo, en 1990, cuando la FIL, obra y creación del naciente cacicazgo cultural de Raúl Padilla López, ni siquiera hizo mención de la concesión del máximo galardón literario del planeta al poeta de Mixoac, y en marzo de 2014, con un siglo de nacido y casi 16 años de muerto, la “clara ciudad” de su abuelo Ireneo ignoró al nieto ilustre. La FIL de ese año prefirió recordar a otro grande de las letras latinoamericanas, pero muy lejano, y sin opiniones políticas controversiales: Julio Cortázar.

No es que Guadalajara haya sido particularmente justa o al menos haya permitido desarrollarse a sus grandes hombres de artes y letras. Juan Rulfo y Juan José Arreola debieron migrar a la Ciudad de México, lo mismo que Juan Soriano, Chucho Gómez Ferreira, Luis Barragán en la plástica. Es inevitable pensar en el provincianismo asfixiante de la ciudad pretenciosa. Y sólo tendrá casi pleno reconocimiento otro ilustre tapatío, Agustín Yáñez, pero de la mano de una decisión centralista del presidente Ruiz Cortines, que lo impone gobernador para detener el crecimiento del grupo político de Jesús González Gallo. Sean hijos o nietros ilustres, pocos han sido profetas en Guadalajara, la Atenas fallida de México.

 

Agustín del Castillo

2 comments

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  1. Durruty Jesús de Alba Martínez

    2 mayo, 2018 at 1:22 PM

    Uno casi olvidado, quien alcanzó bronce en la “Rotonda de los Jalisciense Ilustres” (aunque no esté ahí) fue el Pbro. Dr. Agustín de la Rosa y Serrano, entre otras cosas autor de los primeros textos de enseñanza de astronomía y astrofísica del Mexico Independiente, además precursor del periodismo y el de ciencia también.

    • Dolores Delgado

      2 mayo, 2018 at 9:44 PM

      Gracias por leernos.

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