Jalisco en llamas

Jalisco en llamas

Jalisco también es gigante en cosas que a la mercadotecnia oficial no le gusta presumir: en incendios forestales, por ejemplo. Con 189,814.5 hectáreas quemadas en 2017, y 68,264 ha registradas en las mismas condiciones en 2016, Jalisco no solamente presentó un frente de siniestros equivalente a la mitad de la superficie del estado de Colima, sino que rompió todas sus marcas como estado desde 1970, al obtener por dos años consecutivos el máximo registro nacional por primera vez; pero además, al ubicarse como segunda entidad más dañada por fuego en la historia de los registros oficiales.

Solamente queda por debajo de Chiapas y Oaxaca, que en el aciago 1998 lograron reunión arriba de 400 mil ha siniestradas. Ya sé que no aplauden, dijo un clásico.

Y menos si los informes de gobierno buscan ocultar el impacto de una cifra que de forma tan demoledora y ostentosa le pega al orgullo de un gobierno que se ha promovido como “ambientalista” y ha atraído importantes reuniones internacionales en materia de bosques y cambio climático, así como metas ambiciosas como dejar la tasa de deforestación en 20 por ciento de la de 2015, dentro de apenas dos años. Que el informe “Cómo Vamos Gobernador” del observatorio ciudadano “Jalisco Cómo Vamos” coloque el tema ambiental como el de más pobres resultados contra las metas trazadas por el plan estatal de desarrollo, ya no es extraño: sólo cuatro de 23 metas cumplidas.

Es verdad, esto de los incendios, y en general, el tema de los bosques, no es ni siquiera responsabilidad principal de los estados. Tenemos un país en que el gobierno de la república regula los bosques y sus recursos. Tenemos también, en el gobierno de Enrique Peña Nieto, el mayor retroceso presupuestal al ambiente desde los tiempos de Ernesto Zedillo, en que se creó la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnap). Pero sin duda, son las mismas condiciones para Chihuahua o Oaxaca, que además, tienen más superficie de bosque que cuidar. Lo que no tienen esos estados es la enorme presión de un sector agropecuario exitoso. Jalisco domina la generación de riqueza del sector primario, con casi 12 puntos del producto interno bruto (PIB) nacional. Eso significa que importa más la agricultura y la ganadería, las cuales usan el fuego como herramienta de manejo. Pero al incumplir con la norma oficial mexicana, en la cual tienen obligaciones los municipios, el estado y la federación, el productor quema sus potreros o sus parcelas… y el fuego se le va “al monte”. Ese descontrol es responsable de al menos uno de cada tres incendios.

Como Jalisco tiene bosques pero no cultura forestal, sus florestas templadas y tropicales son escasamente valoradas. El turismo es saqueador y devastador (motociclistas destruyen impunemente parques nacionales como el Nevado de Colima o selvas de San Sebastián del Oeste porque lo suyo “es deporte”), los criminales los utilizan para establecer plantaciones de enervantes, y los citadinos arrojan basura.

La inexistente cultura forestal explica la prácticamente nula aplicación de la norma oficial mexicana 015 SEMARNAT/SAGARPA en materia de manejo de fuego, y el incumplimiento de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) de los convenios firmados con la Comisión Nacional Forestal (Conafor), en que acordaron no otorgar estímulos y subsidios a actividades agropecuarias que deterioran los bosques y selvas.

La NOM-015 data de 2007 y es casi letra muerta. “La presente norma tiene por objetivo establecer las especificaciones técnicas de los métodos de uso de fuego en los terrenos forestales y en terrenos de uso agropecuario, con el propósito de prevenir y disminuir los incendios forestales”, señala. Es de aplicación general, y no puede ser legalmente ignorada. Pero la realidad es necia.

El punto cuatro habla de las disposiciones de uso de fuego: “las personas que pretendan hacer uso de fuego, con excepción de fogatas, deberán presentar un aviso de fuego en el formato establecido en el anexo 1 a la autoridad municipal, entregando una copia a la autoridad agraria correspondiente […] deberá avisar a los vecinos del terreno antes de realizar la quema […] se podrá hacer uso del fuego, siempre y cuando no se realicen quemas simultáneas […] al hacer uso de fuego, el usuario deberá detectar, combatir y extinguir los focos secundarios […] en caso de que la quema salga de control y se propague hacia la vegetación circundante, el responsable de la quema y los participantes deberán combatir, controlar y extinguir el fuego”. ¿En cuál rincón de Jalisco se cumple esto?

La norma señala que la Sagarpa debe, consultando a las autoridades ambientales, determinar la época del año en que el uso del fuego debe “restringirse temporalmente”. Las autoridades municipales y agrarias deben estar en contacto con el sector federal para comunicarles quemas y que determinen la posibilidad de vigilar el proceso. En zonas forestales, el uso de fuego debe ser restringido y vigilado por personal de la Comisión Nacional Forestal. “La Sagarpa promoverá y capacitará a los productores agrícolas y ganaderos, en el uso de fuego y de otras alternativas para la preparación del terreno y control de plagas, que eviten el uso de fuego…”.

La Sagarpa y la Conafor firmaron un convenio de colaboración el 12 de diciembre de 2016. Entre sus cláusulas, busca “impulsar y facilitar una gestión pública con un enfoque territorial que permita la integración y alineación de políticas públicas agropecuarias y forestales, así como para promover el desarrollo de programas y estrategias de cambio climático”.

Entre estos, “coordinar acciones territoriales para controlar el uso de fuego como práctica agropecuaria en zonas colindantes con áreas forestales”, en cumplimiento estricto de la NOM-015.

Es decir, está todo puesto en la mesa, pero en la realidad, está pasando muy poco.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), hace tres apuntes en su Estrategia y lineamiento de manejo de fuego en áreas protegidas.

“Tanto las quemas agropecuarias, como los incendios no deseados en los ecosistemas, están afectando los reservorios de carbono. Al mismo tiempo, el cambio climático afecta la duración e intensidad de las estaciones secas que influyen en la ocurrencia y severidad de los incendios”, señala el primero.

“Es evidente que uno de los agentes de cambio de la biodiversidad es la alteración del régimen de fuego. Algunos estudios han demostrado que mientras los bosques intactos tienen una susceptibilidad al fuego de sólo 5 por ciento [principalmente debido a los claros de bosque]. En aquellos bosques que se han incendiado con anterioridad, la susceptibilidad se eleva a 50 por ciento después de 16 días sin lluvia. Los bosques que se han quemado dos veces son 90 por ciento más susceptibles al fuego durante el mismo período”. Es decir, la abundancia de bosques degradados o secundarios explica la irrupción más destructiva del fuego.

Y tres, para reforzar lo anterior: “Cuando los intervalos entre incendios son más cortos o prolongados del régimen normal, puede generarse la pérdida de especies vegetales y reducción de la biodiversidad, como resultado de la pérdida del hábitat. Adicionalmente, la invasión de los ecosistemas por plantas no nativas puede llevar un cambio importante en los regímenes del fuego”.

Pero ya sabemos, pese a estos logros y este nuevo liderazgo de Jalisco, no quieren aplaudir.

DATOS

En 2017, 2 de cada 7 hectáreas quemadas en el país fueron en Jalisco.
189,814.5 hectáreas quemadas en Jalisco, en 759 incidentes
4 muertos en combate e incidencia criminal

Los 5 peores años para Jalisco en incendios:
2017, con 189,814.5 ha
2016, con 68,264.6 ha
1979, con 53,486 ha
1983, con 48,588 ha
2013 con 48,331 ha

Los peores registros nacionales de daños, entre 1970 y 2017:
1998: Oaxaca, con 241,708 ha y Chiapas con 198,808 ha
2017, Jalisco con 189,814.5 ha
1987 Chiapas con 134,004 ha
1988, Coahuila, con 127,498 ha
Fuente: Conafor

Inversión en prevención y combate de incendios forestales en Jalisco:
2013, 30.7 millones de pesos
2014, 30.3 millones de pesos
2015, 30.5 millones de pesos
2016, 33.5 millones de pesos
2017, 61.2 millones de pesos
2018, 94.4 millones de pesos
Fuente: Semadet Jalisco

 

Agustín del Castillo

 

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