Jalisco, la tierra prometida del narcotráfico

Jalisco, la tierra prometida del narcotráfico

Jalisco es la tierra prometida para los narcotraficantes. Aquí tienen protección policiaca, empresarios dispuestos a lavarles dinero y la subordinación del poder político. Desde finales de los 70 del siglo pasado, cuando agentes del Estado crearon el Cártel de Guadalajara, hasta hoy que Guadalajara es considerada por el Gobierno de Estados Unidos la capital mundial de las metanfetaminas, Jalisco es estratégico para los narcotraficantes.

“El 80 por ciento de la metanfetamina utilizada en Estados Unidos proviene de laboratorios operados por cárteles mexicanos. La producción es especialmente alta en los alrededores de Guadalajara debido a su ubicación geográfica, disponibilidad de materiales, infraestructura adecuada y experiencia científica”, señala el gobierno estadounidense en una nota consular del 2008 y revelado por Wikileaks como parte de los cablegate.

Jalisco es importante para los narcotraficantes porque se encuentra a 120 kilómetros del puerto de Manzanillo, en donde el gran volumen de contenedores facilita el contrabando de precursores químicos para la elaboración de “metas”.

Además, Jalisco tiene miles de kilómetros de sierra en donde el Cártel Jalisco Nueva Generación ha instalado laboratorios clandestinos para a elaboración de drogas sintéticas. El desarrollo de la industria farmacéutica en el estado ha ayudado al crimen organizado a conseguir todo el material y equipo químico que necesitan sin levantar sospechas.

Sumado a lo anterior, Jalisco “tiene una gran cantidad de jóvenes químicos e ingenieros que pueden ser reclutados por los narcotraficantes para sus laboratorios de metanfetaminas”, señala el documento del Consulado estadounidense en Guadalajara.

De acuerdo con el citado documento, la prohibición en México para la importación de productos químicos necesarios para la fabricación de “metas” ha ocasionado que los cárteles mexicanos utilicen el método “Walter White”, también conocido como “método sucio” o “método 2P2”, consistente en producir a partir de la reducción de fenilacetona y metilamina, de fácil adquisición en el país.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos considera a Jalisco como el estado con la mayor cantidad de operaciones de lavado de dinero para el narcotráfico. Muestra de ello es que ninguna ciudad del país tiene, como Guadalajara, un auge tan boyando en las industrias inmobiliaria y de la construcción, a través de las cuales se lavan millones de pesos.

La salida a escena de Ignacio Coronel

En la década de los noventa del siglo pasado, tras la captura de los hermanos Amezcua Contreras (quienes descubrieron en la elaboración de drogas sintéticas un gran mercado), el Cártel de Sinaloa, encabezado en ese momento por Joaquín Guzmán Loera e Ismael Zambada García, controlaba Jalisco.

La operación en Jalisco le fue confiada a Ignacio Coronel Villarreal, quien era apodado “El Rey del Cristal”. Coronel Villarreal optó por la plata antes que el plomo y decidió arreglar sus negocios comprando voluntades en lugar de asesinar rivales. A través de un operador, conocido como “El Pistola”, tejió una red de contactos, complacencias y complicidades con la mayoría de los actores políticos de Jalisco.

En Jalisco fundó un imperio basado en la producción de drogas sintéticas. Una muestra de las ganancias que obtenía y destinaba a la compra de políticos quedó en evidencia el 16 de marzo de 2007, cuando en una casa de Las Lomas en la Ciudad de México, las autoridades decomisaron 205.6 millones de dólares. Zhenli Ye Gon, un chino naturalizado mexicano, era el propietario del inmueble.

Desde el sexenio de Flavio Romero de Velasco (1977-1983), el de Enrique Álvarez del Castillo (1983-1988), el de Francisco Rodríguez Gómez (interinato 1988-1989), Guillermo Cosio Vidaurri (1989-1992), hasta Carlos Rivera Aceves (1992-1995), los narcotraficantes en Jalisco destacaron porque compraron zonas residenciales completas, se paseaban en vehículos de lujo, presumían sus escoltas y se exhibían sin tapujo gracias a la compra de policías, agentes del ministerio público y servidores públicos de las áreas de seguridad, procuración de justicia y del Poder Judicial. El colmo de la relación narcotráficantes-políticos, de esa época, ocurrió en abril de 1985 tras la detención, en Costa Rica, de Rafael Caro Quintero. Era acompañado de Sara Cristina Cosío Vidaurri Martínez, sobrina de Guillermo Cosío Vidaurri.

En la administración del panista Alberto Cárdenas Jiménez se vivió una crisis de seguridad, por el cambió de partido político en el poder, pero con el arribo de Ignacio Coronel inició la “paz-narca” que duraría varios administraciones. En el sexenio de Francisco Ramírez Acuña el grupo de Ignacio Coronel no tenía rivales y la maquinaria de protección por parte de agentes del Estado funcionaba perfecta. La producción masiva de drogas sintéticas ocurría, sin ser molestado por las autoridades mexicanas.

Todo siguió así hasta julio de 2010, cuando a mitad del sexenio de Emilio González Márquez, elementos del Ejército Mexicano abatieron en la colonia Colinas de San Javier a Nacho Coronel. Con su muerte revivió el monstruo de Frankenstein que en Jalisco se ha apoderado de cuerpos policiacos y políticos corruptos. En la próxima edición destaparemos el crecimiento del Cártel Jalisco Nueva Generación a la par de la carrera como servidor público de Luis Carlos Nájera Gutiérrez de Velasco.

 

José Palomera

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