La moral y la censura

La moral y la censura

“Pinto la luz que proviene de los cuerpos”, Egon Schiele.

Habrá llegado el día en que gracias las nuevas tecnologías tendremos un anuncio en pantalla plana en la puerta de la casa donde claramente exprese, el mundo en el que usted pretende existir y salir es solo para mayores de 18 años y de amplio criterio, la realidad puede incluir escenas de sexo, violencia, lenguaje explícito y desnudos. Esto lo he pensado por que en días recientes nos hemos enterado de que en museos importantes del mundo están retirando obras de arte, porque en esta absurda corrección política los considera inapropiados o francamente pornográficos, puedo citar algún cuadro “Hylas y las ninfas”, de John William Waterhouse, otro “Teresa soñando” de Balthus, y por último, un pomposo aniversario de festejo para Egon Schiele donde claro, varias y no pocas de sus piezas han sido censuradas.

Sí, el mismo pintor que durante su vida vivió episodios similares años después de su muerte, regresa a los mismos cánones de una moralina rampante y cargada de ignorancia, pienso: ¿en qué momento el cuerpo humano se ha vuelto pornográfico?, ¿Por qué su representación o impresión, o bien ya digamos exhibición, es calificado como algo indigno y que atenta las buenas costumbres?, ¿A partir de cuándo una vulva, un pene, o unas tetas no deben observadas? Mi respuesta inmediata es simple, hay una especie de moral tolerada, una “almohada compasiva” como dijera Slavoj Zizek: “la miseria intelectual de las reflexiones no puede si no molestar”; sí, el porno y lo no tolerable radica en sus cerebros, califican como moralmente aceptado mostrar imágenes de pueblos sometidos por las armas o bien un niño inmigrante muerto en una playa, a cambio de ocultar pezones y pelos púbicos.

Eso que califican como corrección política no es más que imponer al otro conceptos con los cuales está intrínsecamente conflictuado. Para decirlo más sencillo: señalo del otro lo que no me gusta en mí mismo, una pelea contra su propia esencia, le pone almohaditas a los demás para remitir sus propias frustraciones.

Estas acciones de los museos no son más que consecuencias de querer una vida suave, light, baja en calorías, una vida descafeinada y sin lactosa. Vuelvo a cuestionarme, ¿no sería el cuerpo humano desnudo un perfecto ejemplo de lo orgánico y valioso de la vida? Y aquí entro a su vínculo con la sexualidad, ¿por qué podrían permitir perfectamente mostrar cuerpos que no tengan rasgos que lo definen, por ejemplo pelos, fluidos, pezones, labios y prepucios? Si los pinto sin sexualizarlos, seguro no se descuelgan como esas absurdas estrellitas o brillitos en las imágenes de las redes sociales o pixelados en los videos, series de televisión y películas. Ni siquiera falta aquí el paralelo de moda con la nueva noción cognitiva de la psiquis humana, de la nueva manera que las ciencias del cerebro nos enseñan que no existe un yo en el cerebro, que nuestras decisiones provienen de la interacción de un pandemónium de vivencias y agentes externos que nos condicionan, (¡aha, exacto!) Es tus acopios de vivencias lo que hace que un cuerpo deje de ser cuerpo y solo veas algo que no debe ser expuesto públicamente.

Niels Borh le dio una respuesta perfecta a la frase aquella de Einstein cuando este segundo dijo: “dios no juega a los dados”, cuya respuesta es brillante y dice :”no le diga a dios lo que tiene que hacer” y es precisamente de lo que se trata este asunto del desnudo en general y el desnudo en una pintura. Desde cuándo tenemos que ser cuidados por otro de lo que podemos o no podemos ver, de lo que deseamos o no deseamos, esa poca visión de la otredad es lo que ha hecho que esa “corrección política” haya llegado a extremos tan absurdos como el extremo cuidado en el uso de la imagen, las palabras, los sonidos. Una carente formación educativa nos ha llevado a una infancia mental.

Bien señores directores de museos del mundo, si lo que los hará sentir mejor sin tener que decidir por el otro, el observador visitante, pues sencillo, pongan un letrero de PG+18 y cierren los ojos a las imágenes que salen en prensa y noticieros de personas brutalmente ejecutadas, sometidas, desterradas por intereses económicos, cierren los ojos y duerman plácidamente esas almohadas compasivas que bien les sientan.

 

José Castillo

No comments yet. Be the first one to leave a thought.
Leave a comment

Leave a Comment