Programa de Arte Público con tintes privados

Programa de Arte Público con tintes privados

A la fecha, no es posible encontrar información sobre la forma en que se tomaron las decisiones en torno al programa de arte público de Guadalajara, ni sobre los criterios que se tuvieron en cuenta a lo largo de estos procesos. Tampoco está claro si en dichos procesos participaron especialistas y profesionistas en materia de arte urbano.

En agosto de 2016, Enrique Alfaro Ramírez, alcalde de Guadalajara, Susana Chávez Brandon, directora de Cultura y Ricardo Agraz, director de Proyectos del Espacio Público, presentaron ante los medios de comunicación el Programa de Arte Público y las cinco líneas de trabajo que lo conforman, que son las siguientes: (1) Recuperación del patrimonio, (2) Colosos urbanos, (3) Esculturas de bienvenida a Guadalajara, (4) Murales urbanos y (5) Premio de escultura Juan Soriano. Esta información generó varios cuestionamientos que básicamente se orientaron en dos sentidos. El primero tiene que ver con el desacuerdo de algunas personas que consideran inadecuado que se gasten recursos en arte público, bajo el argumento de que existen áreas prioritarias que requieren de inversión como la seguridad o la salud; mientras que el segundo se relaciona con la opacidad con la que se ha manejado la selección y adquisición de las esculturas monumentales.

Sobre lo primero, la administración pública tiene igual responsabilidad hacia todos los ámbitos que le competen. El gobierno debe atender tanto los asuntos que inciden directamente en la paz y en el bienestar de la sociedad, como aquellos que fortalecen el desarrollo cultural a través de referentes que dan sentido de identidad y de pertenencia a la metrópoli.

Sobre el segundo asunto, hay elementos suficientes para un análisis de los criterios que guiaron el proceso de selección y aprobación de los autores, de las esculturas urbanas y de los precios en los que han sido adquiridas. Cuando se anunció el Programa de Arte Público, Susana Chávez señaló que la dirección de Cultura estaba facultada para hacer invitaciones directas en este tipo de obras y que por eso no era necesario licitarlas o concursarlas.[1] Legalmente, esta afirmación está sustentada en el artículo 39, párrafo 2, fracción segunda del Reglamento de Adquisiciones del Ayuntamiento de Guadalajara. Ahí, se establece que no habrá licitación cuando se trate de servicios artísticos, culturales o profesionales, aun cuando se supere una erogación equivalente a 79 mil 52 salarios mínimos (es decir, más 6 millones 300 mil pesos).

No obstante lo anterior, los funcionarios públicos debieron proceder con transparencia, equidad y rigor técnico en la convocatoria a los artistas plásticos, en la dictaminación de las piezas y de los espacios públicos en los que han sido montadas y en los precios pagados por la obras. A la fecha, no es posible encontrar información sobre la forma en que se tomaron las decisiones, ni sobre los criterios que se tuvieron en cuenta a lo largo de estos procesos. Tampoco está claro si en dichos procesos participaron especialistas y profesionistas en materia de arte urbano.

Lo poco que se sabe es que han sido algunos directores y coordinadores de distintas dependencias del Ayuntamiento de Guadalajara y el presidente municipal quienes han estado involucrados en el Programa de Arte Público. Esto motivó la revisión del perfil profesional de cada uno. El resultado fue que sólo se encontró información sobre la formación y experiencia profesional del ex alcalde. Las hojas de vida de Chávez, Agraz y Bernardo Fernández,[2] Coordinador de Construcción de Comunidad, no están disponibles en línea, y los datos que se puede encontrar sobre su trayectoria es insuficiente para justificar su autoridad en materia de arte público.

Estas circunstancias evidencian la discrecionalidad en la toma de decisiones, que poco se fortalece con el señalamiento, en el Primer Informe de Gobierno y en el portal del municipio de Guadalajara, de que la selección de los artistas invitados se llevó a cabo a partir de criterios técnicos y artísticos que incluyen que los creadores hayan tenido al menos una exposición individual en el extranjero, que sus obras sean parte de alguna colección artística internacional, y que tengan al menos un premio o reconocimiento internacional. La proyección internacional de los artistas es sin duda relevante en un programa de arte público. Sin embargo, por tratarse de un proyecto para la ciudad Guadalajara y para quienes la habitamos, debió considerarse también la trayectoria integral de los artistas locales, así como su trabajo escultórico, por obvias razones.

Por lo visto, no se consideró que los monumentos son objetos culturales que pueden llegar a ser patrimonio común de una ciudad, de un pueblo, de una nación e incluso, de la humanidad. Sobra decir que este fenómeno no ocurre por efectos de una declaración hecha por alguna autoridad local. Los monumentos son bienes materiales con un sentido histórico y cultural, que está ligado a la memoria, a la identidad y a la pertenencia a una comunidad. Por eso es que el valor y los significados del arte público no los da su autor (individual o colectivo), los arquitectos o urbanistas que intervienen en el montaje de la obra y tampoco los políticos.

La obra de arte sólo existe como objeto simbólico provisto de valor si es reconocida y si está socialmente instituida como obra de arte. Y en los hechos, no se generaron condiciones para que las esculturas urbanas fueran significativas para los habitantes de Guadalajara. En otras palabras, no se planeó ni se llevó a cabo la debida socialización del programa, ni se consideraron acciones para que la comunidad concediera el reconocimiento a las piezas. Así fue que se produjeron intervenciones en el espacio público en las que las esculturas fueron tratadas como cualquier objeto de mobiliario urbano, sin hacer mayor consideración sobre su relación con la gente, con el entorno y con la cultura local.

Los responsables del ámbito cultural, de los proyectos en el espacio público y de la construcción de comunidad fallaron. En lo que toca a al aspecto cultural, no comprendieron que una escultura inscrita en el contexto urbano es algo “vivo”, ya que interactúa con el entorno y puede cambiar su aspecto a través de las sensaciones y experiencias emocionales de habitabilidad que puede generar en los ciudadanos. En lo relativo a la relación con el espacio público, no advirtieron que el arte urbano es un instrumento de diálogo y comunicación entre la población y la ciudad. Finalmente, olvidaron que el arte en las calles es un elemento fundamental para la construcción de comunidad, ya que contribuye a regenerar el tejido social, ese entramado intangible y diverso formado por personas que se relacionan entre sí y con su entorno.

La apuesta por el rescate, fomento, promoción y difusión del arte público es muy importante porque incide en la creatividad, en la libre expresión de ideas y en la imaginación, tan necesaria para que encontremos formas alternativas de apropiarnos y de vivir nuestra ciudad. Si bien es cierto que estos son los objetivos básicos del Programa de Arte Público, ha quedado claro que su orientación de cara a la ciudadanía ha sido deficiente pues los resultados que ha dado en materia cultural, en el uso y apropiación del espacio público y en la creación de lazos con la comunidad, son hasta ahora precarios. Si es cierto que el programa “es perfectible” (Susana Chávez dixit), sería pertinente que los responsables se abocaran a la brevedad replantear las estrategias para cumplir con su función pública y con las metas de un proyecto valioso, que no ha logrado el reconocimiento social por fallas como las aquí señaladas y otras más que se van a abordar en las próximas colaboraciones para este medio.

[1] Enrique Vázquez. “Guadalajara invertirá cerca de 30 mdp en Arte Público”. Milenio, Guadalajara, 26 de agosto de 2016, (http://www.milenio.com/cultura/restauracion_esculturas_Guadalajara-arte_publico_Guadalajara-milenio_noticias_0_799720093.html).

[2] De acuerdo con el portal del Ayuntamiento de Guadalajara, Bernardo Fernández dejó la Coordinación de Construcción de Comunidad el pasado 7 de febrero de 2018 (https://guadalajara.gob.mx/comunicados/bernardo-fernandez-labastida-deja-coordinacion-construccion-comunidad).

 

Talien Corona

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