¡Que nos den opio de verdad!

¡Que nos den opio de verdad!

Como lo advertimos, la fiebre “futbolera” del mundial ha exportado lo mejor de nuestra sociedad hacia Rusia, la FIFA a multado a la Federación Mexicana de Futbol con medio millón de pesos por los gritos homofóbicos del partido México vs. Alemania. Hemos exportado los comportamientos juniors (sic.) por excelencia, sólo lleva unos días la justa deportiva y ya se registraron golpes, acoso sexual, faltas de civilidad y acciones machistas y homofóbicas por parte de los turistas mexicanos (si el 100% de estos actos los realizaron hombres). Vivimos como la selección mexicana era aclamada por darse la despedida con escorts y tras su victoria invitados a “celebrarlo con putas” (sic.)

Si reflexionamos cinco minutos porque los comportamientos de celebración cobran vida en comportamientos instintivos que dejan salir lo peor de las personas, podemos encontrar que el futbol siempre atrae a las masas deseosas de ganar, lo que trae al “consiente” el primer instinto primitivo:  supervivencia del más fuerte, por ello la euforia que causa un gol es casi (sino que lo es) una experiencia religiosa para los individuos que gustan de este deporte. Las “experiencias religiosas” evocan el sentido de vernos “más allá” de lo terreno y lo mundano, de lo que esta fuera de las realidades materiales, donde no importa nada. Así lo peligroso de alejarnos de la “realidad” con el futbol es el resultado de evocar nuestra animalidad, pero al mismo tiempo evocar algo que nos sobrepasa y algo que no corresponde a la realidad latente, es decir que México, con sus realidades materiales jodidas y destrozada pueda ganarle en algo a Alemania, con otras realidades materiales aparentemente distas y mejores a las nuestras.

Así el futbol se convierte en un mito que sobrepasa el mero ritual de la experiencia religiosa, una mística fuera del control y del alcance de todas y todos, se convierte en el nuevo opiáceo, el chamán se convierte en 22 individuos demostrando sus facultades de patear el balón y la mística es toda la expectación por hacer lo imposible posible.

En nuestra sociedad el opio simbólico es importante para que salgan las pasiones, los sentires más arraigados y lo más alejado de lo real, así con todos los comportamientos y acciones deleznables de los mexicanos (si fueron 100% hombres que realizaron estas acciones) hacia los alemanes y alemanas y población rusa, podemos dar cuenta que nuestros sentimientos más profundos son de desprecio, individualismo, machismo y homofobia y es una pena que un deporte que puede fomentar la colectividad y la emoción por la recreación, llegue a una mera “medición de pitos”. Ahora dame mi opio real no simbólico por favor.

 

COLETA – Colectivo Lésbico Tapatío

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